La Guerra como "perpetuum mobile"

            Es la guerra, o como diríamos eufemísticamente en la actualidad: la I+D armamentística, quien acerca la práctica deportiva a la población. Veamos por qué.  
            Las ciudades estado de la antigüedad (en Sumeria, Egipto, Media, Persia, etc.…) y por extensión las “polis” griegas, hacían la guerra entre ellas como una actividad más. Algo cultural que les confería carácter amén de bienes de consumo y esclavos. Debían por tanto prepararse para la misma, transformándose así el entrenamiento para la guerra – y para superarse a sí mismos – en el deporte exhibido en sus manifestaciones religiosas. La ciudad de Esparta es el epítome a tal efecto. La paz es un tiempo intermedio de alianzas, pactos, coaliciones y vuelta a empezar.        
            Olvidemos las imágenes que nos proporcionan las películas “de romanos” y retrocedamos dos mil quinientos (o cinco mil) años en la Historia, para meternos en una batalla donde los que combatían en primera línea eran los nobles y señores de la guerra, los excelentes, en la Hélade los “aristoi”, y por extensión los ciudadanos, que no todo el mundo lo era (esclavos, metecos, mujeres o niños… estaban excluidos).
                 

       Estos nobles son los que pueden y tienen que prepararse diariamente, entreguerras, en los palacios primero y en los gimnasios después, y así nace el deporte como entrenamiento para la batalla ya que su propia vida les iba en ello. Pero también como una forma de canalizar la belicosidad de los jóvenes hacia o mediante la actividad física y el “agón”  

       Como los helenos eran belicosos a más no poder y las manifestaciones físicas que los mejores y más habilidosos hacían de sus cualidades guerreras, acabaron por derivar en lo que podríamos llamar “deporte”. La palabra atleta deriva del griego antiguo αθλος (athlos), ‘competición’. Los griegos, que importaron aquellas prácticas – como tantas otras cosas – de los egipcios, lo que hicieron fue perfeccionarlas para deleite de sus dioses, durante sus festivales, y ponerles más y mejores reglas estableciendo lo que hoy podemos denominar como deporte de competición.

Aquiles “pies ligeros” y Quirón el centauro

De Aquiles bien puede afirmase que es el héroe de la leyenda más florida y arcaica de Grecia y que debe su celebridad a la guerra de Troya con la que ya estaba involucrado antes de nacer debido al “Juicio de Paris”, acontecimiento que tiene lugar durante la boda de su viudo padre Peleo con la ninfa de mar o nereida Tetis.

Su padre, Peleo, fue a purificarse a Yolco bajo la protección de su rey Acasto cuya esposa Astidamía se enamora de él.  Al ser rechazada, primero avisa a la esposa de Peleo de los devaneos de éste (falsos) y tal aviso provoca el suicidio de la pobre mujer. Luego maquina en la sombra para que su esposo acabe con él acusándole de haberla violado (en falso). Como no podía matarlo en su palacio, donde había ido a purificarse, entonces le invitan a una cacería en el monte Pelión, donde es abandonado después de esconderle su espada mágica (regalo del dios Hefesto) para ser víctima de los centauros. Aquí le salva el viejo y sabio centauro Quirón que en adelante se hace inseparable de él y entre otras funciones se convierte en instructor de su hijo Aquiles, amén de mostrarle el camino o forma de seducir a la nereida Tetis que parece ser estaba mostrándose reticente. Ésta tenía la facultad de cambiar de forma para mimetizarse con el ambiente y es aquí cuando el viejo centauro aconseja a Peleo revelándole cómo tiene que atraparla en cuanto la vea. Dado que la ninfa se muestra en forma de calamar, la captura por un brazo y allí mismo y por la fuerza consuma su unión. No se andaban con miramientos.

       De todos es sabido que Aquiles era invulnerable por obra y gracia de su madre que teniéndole asido por el talón le introducía en la laguna Estigia según unas fuentes y en el Océano según otras. Siendo éste su punto débil, al final provocaría su muerte a manos del medio lelo Paris – guiada la flecha asesina por Apolo – en la guerra de Troya.

       Pero hay otra versión de los mismos hechos, más exquisita y brillante, que además engarza leyenda y apellido del héroe al que todos conocemos como “el de los pies ligeros” pero casi nadie conoce el porqué de dicho alias.

       Como era de esperar Tetis abandona a Peleo por metomentodo y además reprenderla por sus formas de conseguir la inmortalidad del retoño. La madre, siguiendo los ritos dionisiacos, primero le quemaba y luego le curaba sus heridas con ambrosía, palabra cuya etimología griega ἀμ – (an-no) y βροτός (brotόs, mortal) y significa, literalmente, “inmortalidad”, hasta que un mal día aparece Peleo que la pone a caer de un pedestal y violento e irritado le arrebata al niño que se queda con el talón al aire y su “punto flaco”.      
            Pero aquí aparece Quirón investido con sus dotes de sanador, o de médico, y percatándose del tremendo desaguisado se desplaza hasta la península Calcídica de Palene (de los tres dedos peninsulares, el más occidental) para desenterrar al mitológico Gigante “Damysos” – el más rápido de los gigantes – recién muerto en la guerra contra los dioses (Gigantomaquia) y extraerle su astrágalo que de inmediato es  implantado en el talón de Aquiles, acción que sin poder lograr su inmortalidad al menos le transmite la velocidad característica de los susodichos gigantes y de ahí el sobrenombre “de los pies ligeros”.

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